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DESDE LAS CIENCIAS BIOLÓGICAS

Hasta ahora, hemos examinado cómo las principales contribuciones filosóficas que se desarrollaron durante el último siglo y medio y que han contribuido a la conformación del discurso de la ontología del lenguaje y, por su intermedio, al nacimiento de la disciplina del coaching ontológico. Si miramos a los textos anteriores, nos atrevemos a decir que éstas son las contribuciones filosóficas más importantes de los últimos tiempos.
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LA FILOSOFÍA DEL LENGUAJE

En su momento señalamos que la prioridad que el programa metafísico le confería a la razón – tanto como camino para acceder al ser de las cosas, como, a sí mismo, como rasgo esencial de lo humano – estuvo asociada con el prolongado ocultamiento del papel que le cabía al lenguaje. Más allá de un interés parcial y secundario dedicado a la retórica, el interés por comprender el lenguaje devino algo residual y sólo aparecía, de manera indirecta, en el análisis de los llamados lenguajes formales – como la lógica y las matemáticas – por cuanto ellos eran concebidos como la expresión de las reglas que debía seguir un razonamiento correcto. El lenguaje ordinario que los seres humanos utilizaban en su cotidianidad, escapó, durante mucho tiempo, a la atención de la reflexión filosófica. El lenguaje ha sido, por demasiado tiempo, el gran ausente en la historia de la filosofía.
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EL ENFOQUE SISTÉMICO

Hasta ahora hemos examinado diferentes contribuciones que confluyen en la propuesta de la ontología del lenguaje. La mayoría de ellas, poseen un rasgo común: nos ofrecen conocimiento sobre aspectos determinados y diversos de la realidad. Cuando abordamos el enfoque sistémico, sin embargo, lo que está en juego es algo diferente. Más que un abordaje sobre un segmento particular de la realidad, éste está dirigido a la manera como la abordamos cuando deseamos conocerla.
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LA DISTINCIÓN DE COMPETENCIAS CONVERSACIONALES

La filosofía del lenguaje al postular, con JL Austin, que “lenguaje es acción”, no sólo cambia nuestra concepción del lenguaje, simultáneamente cambia también nuestra concepción de la acción. El lenguaje deja de ser considerado pasivo y descriptivo, pasando a ser concebido como activo, transformador, con capacidad de generación de nuevas realidades. La acción, por su parte, se expande al dominio del lenguaje, permitiéndonos reconocer el poder transformador del habla y permitiéndonos referirnos a los “actos de habla”. Estos dos desarrollos resultan fundamentales en la emergencia del discurso de la ontología del lenguaje.
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MÁS ALLÁ DE LA FILOSOFÍA DEL DIÁLOGO DE MARTIN BUBER

Un filósofo importante – y, sin duda, muy especial – es Martin Buber (1878-1965), contemporáneo de Heidegger. Buber nace en Viena en el seno de una familia judía marcadamente erudita; de Austria se traslada luego a Alemania. En 1938 emigra a Israel, donde fallece. Desde temprano, se interesa por el misticismo judío y se vincula con el jasidismo. Entre sus obras destaca Yo y Tú, de gran expresividad poética, lo que no es habitual en los libros de filosofía y que, de alguna forma, nos recuerda el maravilloso poema filosófico de Parménides.
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